lunes, 20 de agosto de 2012

Día 16: 6 de agosto, Jiuzhàigōu – Lijiang (Yunnan)

Hoy empezamos el día prontito por la mañana ya que, tenemos que llegar al aeropuerto antes de las 7:30. Como nuestro alojamiento está a más de una hora del aeropuerto, salimos a las 6:30, y nos llevamos el desayuno para el camino. El taxista parece buen conductor y la carretera está bastante despejada a esas horas, pero nada más salir nos cruzamos con otro taxista que al parecer es amigo del nuestro y a partir de ahí se dedican a correr para ver quién llega antes al aeropuerto. Aparte de correr, también vale obstaculizarse a la hora de adelantar, así que lo que parecía un viaje tranquilo se convierte en una carrera de los autos locos. Por fin, llegamos al aeropuerto sanos y salvos pero, con el honor herido por haber perdido la carrera en un último adelantamiento triple con curva peligrosa incluida. Bueno lo importante es llegar y visto lo visto, el conductor ha cumplido su cometido.

Hoy dejamos la provincia de Sichuan, donde hemos estado desde que llegamos a Langmusi y nos dirigimos a Lijiang en la provincia de Yunnan. Esta provincia hace frontera con el Tíbet actual y con Birmania, Laos y Camboya, por lo que presenta una variedad de gentes y paisajes enorme. Más de la mitad de las minorías étnicas de China viven en Yunnan y eso junto con sus espectaculares paisajes es lo que nos ha atraido para venir. En esta ocasión sólo visitaremos el norte de la provincia (Lijiang y Dali) o sea la zona más próxima al Tíbet. Para volar a Lijiang haremos escala en Chongqing puesto que no hay vuelo directo desde Jiuzhàigou.

El avión sale con 20 minutos de retraso pero llegamos a Chongqing a tiempo. El, siguiente vuelo entre Chongqing y Lijiang se retrasa más de una hora, por lo que pasamos el rato dando vueltas por el aeropuerto. Finalmente, salimos hacia Lijiang con la esperanza de que la persona que nos tenía que recoger en el aeropuerto para llevarnos al hotel siga allí cuando lleguemos. Nuestro hotel, Huifeng Inn, está a unos 5 km. de Lijiang en la pequeña localidad de Shùhé y por reservar tres noches con ellos nos regalaban el traslado del aeropuerto al hotel. Cuando salimos de recoger las maletas, un chico que llevaba un cartelito con nuestro nombre estaba esperando, afortunadamente para nosotros. En media hora estábamos llegando al pueblo de Shùhé y a sus adoquinadas callejuelas. El conductor muy amable nos acompaña hasta el hotel desde el parking (porque parte de las calles son sólo peatonales) y allí nos recibe Cherry con una esplendida sonrisa. Cherry se ha encargado de gestionar nuestra reserva y tras las presentaciones nos sube a la habitación y nos deja relajarnos mientras ella hace el check in con nuestros pasaportes.



Cuando nos habíamos refrescado y organizado un poco la habitación, bajamos para buscar un restaurante donde comer y cenar todo junto, ya que eran las 18:00 y estábamos casi con el desayuno rápido del taxi y con un tentempié que nos dieron en el avión. Cherry muy amablemente nos preguntó que tipo de comida queríamos y cuando le dijimos que comida local, nos dijo que la siguiéramos.

Ella se encargó de llevarnos al restaurante y de traducirnos la carta para que pudiéramos elegir. En los restaurantes locales la carta está sólo en chino y resulta difícil pedir si ningún camarero habla inglés, como era el caso. Pero, gracias a Cherry no tuvimos ningún problema y cenamos estupendamente un pescadito de la zona, bien frito y con salsa de cacahuetes, mijo y chili (buenísimo!) y unas setas de temporada.



Después de cenar fuimos al hotel para organizar el día siguiente y reposar un poco la comida porque estábamos llenos. Estuvimos hablando con Cherry sobre las diferentes opciones para visitar la zona y al final decidimos que mañana iríamos a Lijiang pasando antes por un pequeño pueblecito llamado Báisha a tan solo 4 km de Shùhé.

Al caer la noche fuimos a pasear por el pueblo y perdernos por sus empedradas calles llenas de canales y casitas de piedra y madera. Este pueblo fue antigua parada de la Ruta del Té y los Caballos que unía el suroeste de China con la India y que se utilizó desde el siglo VII hasta la Segunda Guerra Mundial. 



El ambiente nocturno en Shùhé es más tranquilo que en Lijiang pero, aún así, no nos libramos de las tiendecitas y las luces de los restaurantes y pubs que iluminan sus calles y nos invitan a entrar para escuchar música en vivo y tomar unas cervezas. Nosotros preferimos perdernos por sus calles y pasar el rato paseando y viendo tiendas hasta que el cansancio nos obliga a retirarnos a dormir.

domingo, 19 de agosto de 2012

Día 15: 5 de agosto, visita al parque Nacional de Jiuzhàigou

Nada más levantarnos a las 6:00 teníamos preparado el desayuno en la planta baja de la casa, un poco de pan tibetano recién hecho, un huevo frito y mucho te. El pan lo podías acompañar de miel y mantequilla de yak, todo casero. Sobre las 6:30 estábamos listos para salir pero, nuestro transporte todavía no había llegado así que, mientras terminábamos de prepararnos y coger el pequeño almuerzo que la señora Amma nos había preparado (un poco de pan con miel y una botella de agua por persona), estuvimos hablando con Noelle, una chica de Malasia que también iba al Parque de Jiuzhàigou con nosotros. Ella repetía visita y nos ayudó bastante a la hora de conseguir las entradas. Finalmente apareció el coche sobre las 7:00 y nos fuimos para el Parque que estaba a 13 km. de la casa.


El Parque de Jiuzhaigou, patrimonio mundial por la Unesco, es una de las atracciones estrella de Sichuan. Cada año 1,5 millones de personas visitan el parque para maravillarse con sus lagos azules, sus caudalosas cascadas y sus árboles verde oscuro con montañas nevadas como telón de fondo. Jiuzhaigou significa “Valle de las Nueve Aldeas” y hace referencia a las nueve aldeas tibetanas de la región. Según la leyenda Jiuzhaigou fue creada cuando un demonio envidioso hizo que a la diosa Wunosemo se le cayera  su espejo mágico, un regalo de su amado, el dios de la guerra Dage. El espejo cayó al suelo y se rompió en 118 resplandecientes lagos color turquesa (según laLonely Planet).


Conforme nos acercábamos a la entrada al parque, intuíamos la cantidad de gente que nos íbamosa encontrar por los autobuses que nos cruzábamos en la carretera. Nada más llegar seguimos las indicaciones de Noelle para llegar a las taquillas, que a esa hora, ya estaban abarrotadas de gente. Nos pusimos a la entrada de una de las taquillas y esperamos a que se abrieran, pero lo  que no sabíamos era lo que iba a pasar en el momento en el que abrieran las puertas. Y lo que paso es que una avalancha de chinos nos empujó hasta casi subirnos al mostrador, provocando momentos de angustia por la impotencia de ser aplastado. Una vez dentro las puertas se volvieron a cerrar y todo volvió a la normalidad, sin apenas daños, salvo un pequeño ataque de nervios. Después de retorcernos entre empujones y algún pequeño codazo conseguimos nuestras entradas (310Y por persona, con el bus incluido) y lo más importante, salir de aquella trampa.

Lo siguiente era entrar en el parque pasando las taquillas y subirse a algún autobús para llegarhasta la parte alta de la montaña (30 minutos de trayecto) y así ir bajando andando por el sendero que bordea los lagos. Esto fue mucho más fácil, ya quelas colas estaban bien organizadas y los autobuses (más de 300 dentro delparque) pasaban con mucha frecuencia. La carretera que sube unos 30 Km hasta elpunto mas alejado de la entrada se bifurca a los 13 Km , pudiendo visitar dos zonas de lagos. Nosotros queríamos empezar  por la parte derecha, bajar andando y subir en autobús hasta los dos últimos lagos de la parte izquierda. El único problema es que cuando subes al autobús no sabes a que zona va, y no te molestes en preguntar porque nadie te dice nada. La suerte estuvo de nuestra parte y el autobús iba a la parte derecha, así que a las 9:00 estábamos arriba.





Tras dar una vuelta por el sendero circular del bosque primario, y comprobar el respeto (nulo) de la mayoría de turistas chinos por el entorno y su tranquilidad. Decidimos bajar por el camino de pasarelas de madera que bordea los lagos y que se puede coger justo donde te deja el autobús a la derecha. Empezamos con el Grass Lake y el Swan Lake, para seguir por el sendero viendo el curso del río con sus pequeños saltos de agua. Luego cogimos un autobús para salvar los más de 9 Km hasta el siguiente lago y desde este punto cogimos el sendero de la parte interna de los lagos y no lo dejamos hasta el Mirror Lake, cerca de la intersección. Pasamos por el Arrow Bambu Lake y su cascada, luego vimos el Panda Lake y al bajar pasamos por al lado de su cascada.  





A estas alturas ya teníamos un poco de hambre y nos comimos el pan y unas chocolatinas que habíamos comprado el día anterior. Hacia un rato que estaba lloviendo, así que paramos un rato a cubierto para descansar y reponer fuerzas. Los lagos son muy bonitos a pesar de estar nublado, el color turquesa y la transparencia de sus aguas hace que te aísles de la gente que te rodea para contemplar sus aguas cristalinas. Nos podemos imaginar como será con la luz del sol reflejando todos esos colores, simplemente espectacular.




Seguimos bajando por el sendero pasando un par de lagos y cascadas más hasta llegar al Mirror Lake, pero como llovía bastante y hacia un poco de frío nos subimos al autobús hasta la intersección de la carretera donde se localizan la mayoría de servicios del parque. Una vez en este punto, nos metimos en un gran edificio que tiene varios restaurantes y tiendas de souvenirs con gran aceptación entre los turistas chinos. Allí nos sentamos a tomar un té y a descansar de toda la mañana andando por el sendero, eran las 3 de la tarde..

Sobre las 16:00 nos levantamos y fuimos a coger el autobús que nos subiría al último lago de la parte izquierda. La idea era ver el Long Lake y el estanque de los cinco colores, además de algún otro si nos daba tiempo. Cuando llegamos arriba nos dimos cuenta de que no nos dejaban mucho tiempo ya que el mismo autobús que nos subía se esperaba para bajarnos y un guarda se encargaba de que no quedara nadie porque estaban cerrando la parte más alejada de la salida. A pesar de todo pudimos ver los dos lagos y sobre todo el segundo, Fice Coloured Pool, que merece la pena por sus preciosos colores.





Sobre las 17:30 empezamos a bajar con el autobús para salir del Parque y a las 18:20 ya estábamos en la puerta de salida. Un día completo y a pesar de ello, no puedes ver todo el Parque, aunque nosotros no teníamos más tiempo lo aconsejable es verlo en dos días. 

Salimos del parque y nos dirigimos a el restaurante tibetano Abu Luzi (propiedad de la familia de nuestra casa rural) pasando por un mercadillo donde había un poco de todo (artesanias, telas, verduras, carne seca, productos locales…), lo curioso es que cuando sales del parque te obligan a pasar por el mercadillo (y así de paso compras!!). Llegamos al restaurante y allí estaba Noelle que esperaba a que llegáramos para que nos trasladaran a la casa rural. Pero nosotros íbamos a cenar en el restaurante tibetano, así que cenamos todos juntos. Después de cenar nos subimos al coche y tras recoger a un chico estadounidense que acababa de llegar en autobús desde Chengdu, nos llevaron a “casa”. Cuando llegamos estuvimos comparando nuestras experiencias por China con el resto de los huéspedes (una pareja danesa con 5 hijos que vivía en Pekín) y después de hacernos unas risas y unas copitas de vino nos fuimos a dormir sobre las 22:30 porque a la mañana siguiente madrugábamos para coger un avión a Lijiang (provincia de Yunnan).

viernes, 17 de agosto de 2012

Día 14: 4 de agosto, de Langmusi a Jiuzhàigōu

Hoy salimos de Langmusi a las 10:00 de la mañana camino de Jiuzhàigōu con un coche privado que Liyi se había encargado de contratar por 900Y. El coche se supone que lo contratábamos para nosotros solos, pero cuando nos vamos a subir el conductor aparece con un acompañante, como nos parece extraño le preguntamos a Liyi y ésta a su vez le pregunta al conductor, que le dice que solo nos acompañará 3 Km. hasta la carretera principal, así que le decimos que no nos importa e iniciamos el viaje.

Pasan más de 3 Km. y el chico no se baja, no decimos nada pero no nos parece bien que nos mientan. Cuando el conductor para a repostar y se baja del coche le señalo en la guía el nombre de Jiuzhàigōu y el chico me asiente con la cabeza. Ya esta tclaro, el conductor ha aprovechado el viaje para llevar al chico, cosa que nos parecería bien si no nos hubiera mentido. El viaje en coche dura 5 horas, así que unas veces vamos leyendo otras durmiendo, pasando el rato como podemos.

Como a mitad de camino, me doy cuenta de que el conductor tiene síntomas de cansancio y le cuesta mantener los ojos abiertos así que, le toco el hombro y le aviso de que si tiene sueño mejor que pare. Me dice que todo va bien pero, 1 Km. más adelante ya no puede más y le vence el sueño, justo cuando esta a punto de llevarse por delante a un motorista se despierta y de milagro lo esquivamos, casi chocando con otro coche que venía en sentido contrario. Inmediatamente hago que pare el coche e intento que se de cuenta de la gravedad del asunto, pero el se ríe y dice que está bien y no pasa nada. Entonces es cuando empiezo a decirle de todo, primero en inglés, luego por gestos y luego en castellano que es como mejor me expreso. A tal punto llega mi cabreo que al conductor le cambia la cara y la sonrisita que tenía hace un momento se le borra de inmediato. Decido esperar a que se despeje para poder continuar de forma segura, por lo menos hasta la hora de comer. Una vez reemprendemos la marcha, ya no le quitamos el ojo de encima, lo que hace que el viaje se vuelva bastante incómodo siempre pendiente del conductor y de sus ojos mirándolo por el espejo retrovisor.


Por fin, llegamos al cruce donde te desvías a Jiuzhaigou, a unos 13 Km de Songpan y el conductor decide parar a comer en un restaurante de carretera donde no hay carta en inglés. Nos ayuda a pedir una sopa de pasta muy típica de la zona y nosotros pedimos una especie de ensalada de pimientos señalándola con el dedo. Todo esta buenísimo, aunque seguimos con el susto metido en el cuerpo. Alargamos todo lo que podemos la sobremesa para que el conductor se despeje, pero en vez de aprovechar y dormir ese tiempo él está dando vueltas sin hacer nada. Los chinos son muy cabezotas y menos reconocer que lo estaba haciendo mal haría cualquier cosa!!


Reanudamos la marcha sobre las tres y cuarto y aún nos quedaba una hora y media de calvario por puertos de montaña y por si fuera poco, la última hora lloviendo y con el conductor cerrando los ojos. Al fin, sobre las 17:15 dimos con nuestro hotel que estaba bastante apartado de la carretera principal del parque y el conductor, al contrario de lo que nos había dicho, no sabía donde estaba. Después de varias llamadas, dimos con el dueño del alojamiento donde íbamos (Zhou Ma´s Guesthouse) y se acerca con su coche a la carretera principal para recogernos.

A la hora de pagar al conductor le dijimos que llamara a Liyi para contarle todos los problemas que habíamos tenido y que no pensábamos pagarle lo acordado sino 300Y menos por ser tres en el coche. Al principio no quería llamar pero, finalmente con la ayuda del señor del hotel conseguimos hablar con Liyi y contarle lo sucedido y lo que le íbamos a pagar. Liyi nos dio la razón en todo y nos dijo que le pasáramos al conductor que, tras una pequeña discusión al teléfono había dejado de reírse. Tras un tira y afloja entre el conductor, Liyi al teléfono y nuestro nuevo conductor, conseguimos que aceptara de mala gana el dinero y nos vamos a nuestro alojamiento.



Llegamos al Zou Ma Guesthouse bastante nerviosos por el mal trago que nos había hecho pasar el conductor, pero una cerveza y un paseo por los alrededores de la casa rural hace que nos olvidemos de lo sucedido.


Nos quedamos el resto de la tarde en el hotel conociendo al resto de inquilinos y a nuestra anfitriona, la señora Amma, una mujer tibetana muy agradable que a pesar de no hablar inglés nos atendió muy bien. Estuvimos charlando con una pareja chino-holandesa muy simpática que nos informaron de cómo visitar el parque de Jiuzhàigōu al día siguiente. Finalmente después de cenar todos juntos en la casa nos fuimos a dormir, ya que al día siguiente había que estar a las 7:00 en la entrada del parque.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Día 13: 3 de agosto, regreso a Langmusi (3800 - 3300 m.)


Esta pasada noche sí que hemos dormido algo a pesar de estar sobre el suelo, ya que el cansancio va haciendo mella y una fina capa de hierba puede parecernos un colchón de látex. Además tampoco hay mucha diferencia con las duras camas chinas!! De todos modos aquí tampoco se puede dormir mucho, ya que en cuanto amanece los rayos de luz y los bramidos de los yaks se encargan de despertarte.


Nada más levantarnos, ya tenáamos asignadas algunas de las tareas diarias, así que nos pusimos manos a la obra junto a la madre y la hija, empezamos por rastrillar los excrementos secos de yack para darles la vuelta y facilitar su secado. Un trabajo nada agradable para acabarnos de levantar, pero viendo como ellas no dejan de trabajar es imposible quedarse parado.


Un poco más tarde nuestro guía nos preparo el desayuno, básicamente lo mismo del día anterior pero en vez de en bocadillo en un pequeño bol y acompañado de una sopa. Después de desayunar, empezamos a recogerlo todo, ya que pronto tendremos que partir y solo el hecho de pensar en los caballos hace que nos tiemblen las piernas. A pesar de ir muy despacio nosotros no estamos acostumbrados y como el terreno no es llano la tensión que hacemos para no caernos nos pasa factura en las rodillas.


Sobre las 10:30 salimos hacia Langmusi dejando atrás esa vida tan dura y a la vez tan sencilla que a veces echamos en falta. Con un “timuchi” (hasta pronto) nos despedimos de la familia que tan bien nos a acogido y partimos con un poco de pena porque no sabemos cuando volveremos por estas tierras de las praderas tibetanas.


Empezamos a descender pasando por varios asentamientos nómadas y poco a poco vamos dejando atrás los prados verdes donde pastan los yaks, para acercarnos lentamente al pueblo de Langmusi. Tras hora y media de empinada bajada, paramos a reponer fuerzas y descansar antes de continuar durante 45 minutos hasta el lugar donde almorzamos el primer día, justo al lado del nacimiento del río del Dragón Blanco. Al llegar, pasamos más de una hora esperando a que la comida estuviera preparada pero aquí la preparan conforme la gente va llegando, así que nos sentamos dentro de la tienda a esperar. El cansancio ya se hacia notar en nuestros cuerpos y esperando casi nos quedamos dormidos.


Tras la comida, sobre las 15:00 montamos de nuevo a los caballos y nos dispusimos a iniciar el último tramo hasta llegar a Langmusi de una hora y media de recorrido. Mientras nos acercábamos a Langmusi el cielo se iba ennegreciendo y no podíamos creer que estando tan cerca del hotel y con la suerte que habíamos tenido con la lluvia, nos fuera a caer ahora tal tormenta encima. Pero, así fue. A tan sólo 10 minutos de llegar al pueblo empezó a diluviar y aunque paramos rápidamente y nos colocamos unas capas impermeables que nos dio Tasi, nada evitó que acabáramos calados hasta los huesos.


Dejamos los caballos en una finca cercana al pueblo e hicimos los últimos 800 metros a pie hasta llegar al Black Tent Cafe donde nos esperaba Liyi para recibirnos. Tras recuperar nuestras cosas nos fuimos al hotel a descansar y quitarnos la ropa y las zapatillas empapadas. Allí, nos encontramos una nueva sorpresa consecuencia de la lluvia, se había ido la luz y no tenían ni idea de cuando volvería.

Tras cambiarnos de ropa y ponernos unas chanclas porque ya no teníamos calzado seco decidimos irnos al Black Tent Cafe, ya que continuaba lloviendo y era el mejor sitio para relajarnos, conectarnos a internet y conversar con otros viajeros. Sobre las 18:30 volvió la luz y la cafetería recuperó su normalidad. Pedimos dos yogures con muesli y fruta para merendar-cenar y pasamos las siguientes 3 horas conectados y conversando con Francesca, una chica suiza que vivía en Pekín y que conocimos hace 3 días. Ella también había hecho una excursión a caballo de 2 días, así que pudimos comparar experiencias y tomarnos unas cervezas muy a gusto.

viernes, 10 de agosto de 2012

Día 12: 2 de agosto, Lamgmusi " Home God Festival" (2 parte)

Bajamos la ladera hasta el valle donde estaban nuestras tiendas y mientras nos preparaban el almuerzo estuvimos jugando con los niños y viendo como separan la mantequilla de la leche en una especie de centrifugadora que hay que hacer girar manualmente con una manivela. La vida de esta gente es bastante dura, ya que, no paran de hacer cosas sobre todo las mujeres y es un ciclo de trabajo que día tras día se repite y que no pueden dejar de hacerlo incluso aunque llueva o haga frío porque los animales necesitan de sus atenciones. Así que las mujeres prácticamente no descansan. 




Después de almorzar ensillamos los caballos y con mucha pena nos despedimos de esta gente que tan bien nos había acogido en su humilde hogar. No sin alguna dificultad nos subimos de nuevo al caballo para seguir el camino de vuelta hasta cruzar de nuevo la garganta de la montaña del bosque de piedra rojo y el océano de flores, está vez sólo lo atravesamos lateralmente porque nuestro nuevo destino quedaba más hacia el este.




Al atravesarlo, Tasi (nuestro guía) decidió parar a descansar y pudimos disfrutar tumbados de los pocos rayos de sol que quedaban porque se acercaba rápidamente una tormenta por el horizonte. Tras 20 minutos de descanso y algo nerviosos por si nos pillaba la tormenta, le pedimos a Tasi que retomara la marcha y tras ensillar de nuevo los caballos nos dispusimos a subir la última y empinada ladera para alcanzar tras una hora de cabalgata nuestro siguiente destino, la montaña del Dios Huagai. Llegamos sobre las 17:30 de la tarde y conseguimos esquivar la lluvia de milagro, ya que veíamos como la tormenta pasaba muy cerca de nosotros pero no nos afectó.




Al llegar al campamento nómada nos recibieron una mujer y su hija de unos 14 años que serían nuestras anfitrionas en su tienda nómada, esta vez era una tienda negra hecha con lana de yak y madera mucho más bonita que la de la noche anterior. La disposición interior era similar a la anterior pero esta tienda tiene una franja abierta en la parte central por la que puede escapar el humo de la cocina-estufa con mayor facilidad.


Aquí, al tener un poco más de tiempo, hemos podido compartir algunas de las muchas tareas diarias que las mujeres tienen que realizar. Hemos bajado a por agua a unas pequeñas pozas donde mana el agua y también hemos participado en la recogida del rebaño de yaks. Al terminar todas estas cosas ya con la puesta de sol, nos recogimos dentro de la tienda para cenar y dormir esta vez todos juntos en la tienda principal. Ha sido una experiencia muy auténtica y que nos ha encantado, así que invitamos a probar a todo el que venga por aquí.

Dia 12: 2 de agosto, Langmusi "Home God Festival"

A las 6:00 de la mañana y tras haber dormido muy poco, ya que los perros no han dejado de ladrar debido al continuo ir y venir de jinetes que acudían al festival, nos hemos levantado para desayunar y salir hacia la cima de la montaña. Nuestro guía nos ha preparado un rico bocadillo con tomate, pepino y una especie de tortilla, acompañado de una taza de té caliente, que nos ha venido de maravilla para entrar en calor.


Al acabar de desayunar empezamos a subir la empinada ladera de la montaña hasta alcanzar la cima unos 25 minutos después. Cuando llegamos arriba una espesa niebla lo cubre todo y por un momento pensamos que nos puede arruinar la visita, pero poco a poco va levantando hasta quedarse un precioso día soleado.




En el festival participan todos los jinetes (sólo hombres) de la región y hasta aquí traen a sus caballos para bendecirlos y realizar un ritual que empieza cuando dejan una especie de lanza de madera (que simbolizan las armas que antes utilizaban para pelear entre ellos) apiladas y unidas por cuerdas de lana mientras que lanzan papelitos con plegarias al aire al mismo tiempo que gritan. Todo resulta impresionante en la cima de la montaña y junto a los peregrinos a caballo que nos saludan y sonríen al vernos por allí arriba.




Pasamos las siguientes tres horas haciendo fotos y compartiendo el momento con el resto de participantes del festival y los turistas chinos, que como nosotros querían captar el momento con sus cámaras. Después de pasar por los tres sitios de la cresta de la montaña donde se hacen las ofrendas y se colocan banderitas de oración, decidimos que ya era hora de volver a la tienda para almorzar y retomar el camino con nuestros caballos hacia la siguiente zona nómada donde pasaríamos la noche.



jueves, 9 de agosto de 2012

Día 11: 1 de agosto, excursión a caballo por los alrededores de Langmusi (3300-3600 m).

Hoy nos hemos levantado a las 8:00 y hemos desayunado tranquilamente en el Black Tent Cafe porque hasta las 10:00 no habíamos quedado con Liyi para empezar nuestra clase de introducción de montar a caballo.

Dejamos todas nuestras maletas en el hotel y sólo nos llevamos unas pequeñas bolsas con ropa de abrigo y cosas de higiene, y como nos avisan de que en las praderas altas puede hacer mucho frío alquilamos dos abrigos tibetanos en el propio hotel (10 Y por día).

Nos encontramos con Liyi a las 10:00 y tras explicarnos que aquí las riendas se llevan en una sola mano y hacer alguna práctica con el caballo nos decidimos a salir con nuestro guía “Tasi”. Algo nerviosos al principio por controlar y acostumbrarnos a los caballos conseguimos atravesar la calle principal del pueblo esquivando motos, coches y algún camión y salimos a campo abierto y continuamos por las laderas siguiendo el curso del río del Dragón Blanco.

Tras una media hora de cabalgata y pasados los nervios iniciales empezamos a disfrutar de la experiencia y del estupendo paisaje que nos rodea mientras subimos y bajamos laderas teniendo que cruzar varias veces algunos riachuelos que nos encontramos en nuestra ruta.

Sobre las 12:00 llegamos a una gran explanada cerca del nacimiento del río del Dragón Blanco, donde hay varias tiendas nómadas montadas con sus perros y rebaños y que suelen preparar el almuerzo a los grupos de excursiones a caballo de un día que llegan hasta aquí.


Desmontamos de los caballos y descansamos durante una hora en una de estas tiendas nómadas donde nos están preparando la comida, algo de verduras y arroz, pero que después de la cabalgata nos sienta muy bien.


Tras el descanso retomamos la marcha hacia el “Océano de Flores” durante otras dos horas, esta vez sólo en sentido ascendente hasta parar en un alto para descansar donde encontramos a otro grupo de jóvenes chinos que hablaban inglés y con los que pudimos conversar un rato hasta que se marcharon bajando la montaña por donde habíamos venido nosotros.


Descansamos aquí unos 40 minutos viendo a los caballos pastar libremente y a los yaks que se acercaban peligrosamente a nosotros y que nuestro guía de vez en cuando espantaba con un grito porque pueden ser peligrosos y embestir. Por suerte el clima nos había respetado y hacía una tarde soleada, por lo que pudimos disfrutar de unas estupendas vistas durante todo el trayecto.



La última etapa del día de hoy fueron otras dos horas a caballo, esta vez atravesando el “Océano de Flores” que es un humedal lleno de flores y hierba fresca, donde los caballos disfrutaron parándose a pastar cada 2 minutos, por lo que nos costó bastante esfuerzo atravesarlo, aunque el paisaje era precioso. La última hora del trayecto fue atravesando la garganta que forma “El Bosque de Piedra Roja”, una serie de montañas de color rojizo.

Sobre las 19:00 la garganta se abrió y pudimos divisar un pequeño valle con varias tiendas nómadas al lado del río y tras ir sorteando las distintas tiendas y a sus perros (son peligrosos porque están entrenados para matar lobos y reaccionar ante extraños), llegamos a nuestra tienda a los pies de la “Montaña del Dios Gehesu” donde mañana se iba a celebrar un gran festival sagrado para los nómadas de la región.

La familia que nos alojaba esta noche en su tienda nos recibió muy amablemente, nos ayudaron a desmontar y recoger nuestras cosas y una vez que pudimos recuperar el movimiento de nuestras piernas (porque no os imaginais cómo nos dolían las rodillas y el culo después de casi 6 horas a caballo!!!), nos invitaron a pasar a la tienda, sentarnos y tomar un té mientras se acababa de cocinar la cena.


Estas tiendas son muy básicas porque las montan y desmontan continuamente buscando prados verdes para sus rebaños de ovejas y yaks. Son de unos 16 m2 y de planta cuadricular y suelen tener la misma disposición en su interior. Al entrar a la izquierda tienen una zona de almacenamiento del combustible (excrementos secos de yak) que utilizan para la estufa y cocina. En la zona central tienen la cocina-estufa con su tubo de salida de humos al exterior y en los bordes de la tienda tienen la despensa y la zona de almacenamiento de sus enseres. Toda la zona derecha se destina al descanso, sirviendo de comedor durante el día y de dormitorio durante la noche.

Bien, pues después de recoger algunos excrementos de yak y jugar un poco con los pocos niños del campamento llegó la hora de recoger al ganado para atarlo junto a las tiendas y así poder ordeñarlo por la mañana temprano, que es cuando se obtiene la mejor leche. Leche que hierven y después baten para sacarle la mantequilla y con la leche ya desgrasada hacen el rico yogurt.


Una vez recogido todo el ganado se hizo la hora de cenar y nos metimos todos dentro de la tienda para estar más calentitos puesto que fuera ya hacía bastante frío incluso con los abrigos tibetanos puestos. Después de cenar estuvimos intercambiando gestos y palabras y aunque no dijimos nada en tibetano nos pudimos entender bastante bien y hasta nos hicimos unas risas. Más tarde nos fuimos a una tienda aparte más pequeña para dormir en sacos bien calentitos porque mañana prontito hay que levantarse, para subir a la montaña y asistir al festival.